EL BREVE LAPSO


 Donde somos y no somos,
duendes de lo efímero,
dueños de un segundo apenas
que quieren poseer la eternidad.

Cuantas noches eternas
que queman como arenas calientes
que roban la calma
y cortan la respiración.

Como una armonía inconclusa
a la que se le escapa una corchea,
una semifusa,
o una amante nueva.

Pretendiendo alcanzar el cielo
con nuestras manos 
mientras el tiempo
escapa cada instante. 

Es que sin saber cómo ni cuándo,
algo se mueve
y crece más allá
de lo que alcanzamos a ver.

En esa quietud
donde todo se mueve
donde lo efímero
se viste de sagrado.

Para encontrar el camino que se divisa a lo lejos,
tortuoso y rumoroso, tórrido
 que de pronto se quiebra
y se separa para siempre.

A veces basta mirar las nubes,
o ese azul que se asoma
sin pedir permiso.

Como una guitarra que suena
llenando de magia el silencio
abriendo las puertas
de un mundo nuevo.

Para recordar que hay magia
más allá de toda pena
y toda maledicencia.

Que vengan todos a la fiesta
los que me aman y los que no,
los que prenden la hoguera 
y los que la apagan.

Para con ellos mirar la luna
y así saber, sin más,
que todavía
respiramos.

Y nuestro corazón
como un viejo tambor
aún late
por un tiempo más.

Al final, después de tanto ruido,
un minuto de silencio
nos devuelve la voz de Aquel
que es la eternidad misma.

Espíritus viviendo en una trampa 
del tiempo y del espacio
 que hemos creado nosotros mismos, 
en una idea loca  de la que debimos reír.

Y hemos caminado así toda la vida
 solo porque olvidamos — o nunca supimos — 
que podíamos volar.

Quizás se trate, con simpleza,
de dejar de sufrir
para reconocer la dicha
a la que tenemos derecho.

Algo así como levantar la cabeza del barro
y descubrir
que nacimos para resplandecer
en el breve lapso en que somos.

Paz&Simpleza

Pdta: Los invito a ver mis poemas de colores en isaacdevispintor.blogspot.com.co donde hoy verán una hermosa mujer con vestido rojo  

Isaac A. Devis G.

Comentarios

  1. Hay algo que atraviesa todo el poema, Isaac, y es esa contradicción entre lo poco que dura nuestro paso y nuestro empeño en alcanzar algo que permanezca. Mientras el tiempo sigue escapándose, buscamos, sufrimos, amamos, nos equivocamos y, a veces, olvidamos simplemente levantar la cabeza y mirar alrededor. Me ha gustado especialmente ese final, porque después de tantas preguntas y tanto recorrido nos devuelve a algo mucho más sencillo: reconocer la dicha mientras todavía estamos aquí para sentirla y dejar que ese breve tiempo nuestro también tenga su luz.

    Paz.

    ResponderBorrar
  2. Isaac, qué placer acompañarte en este poema donde lo efímero se vuelve sagrado. Empiezas hablando de ese lugar donde somos y no somos, duendes de un segundo que quiere poseer la eternidad, y ahí ya marcas el tono de una reflexión que avanza como una respiración profunda. Describes esas noches eternas que queman como arenas calientes y roban la calma, y luego esa armonía inconclusa a la que se le escapa una corchea, una semifusa o una amante nueva, imágenes que dan al poema un ritmo casi musical. Me gusta cómo llevas la mirada hacia ese instante en que algo se mueve más allá de lo que alcanzamos a ver, en esa quietud donde todo se mueve y lo efímero se viste de sagrado. El camino que se divisa a lo lejos, tortuoso y rumoroso, que de pronto se quiebra y se separa para siempre, es una imagen poderosa de lo que la vida hace sin pedir permiso. Y luego llegan las nubes, el azul que se asoma, la guitarra que llena de magia el silencio, recordándonos que hay belleza más allá de toda pena y toda maledicencia. Invitas a todos a la fiesta, los que te aman y los que no, los que prenden la hoguera y los que la apagan, para mirar la luna y saber que todavía respiramos, que el corazón aún late como un viejo tambor. El cierre es magnífico: después de tanto ruido, un minuto de silencio devuelve la voz de Aquel que es la eternidad misma, y nos recuerda que hemos caminado atrapados en una idea loca olvidando que podíamos volar. Levantar la cabeza del barro y descubrir que nacimos para resplandecer en el breve lapso en que somos es una verdad que llega honda y limpia.
    Un fuerte abrazo, Isaac.

    ResponderBorrar
  3. El tiempo es relativo, vinimos sin nada, nos vamos sin nada sin importar lo que hayamos hecho en el camino.

    Saludos,
    J.

    ResponderBorrar
  4. Profundo poema. Cuando morimos solo nos llevamos lo que vivimos y lo que sentimos por los que nos rodean. Te mando un beso.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario